..más historia.

Mi relación con el deporte viene de lejos, quizás desde mi nacimiento ya que mi padre fué un deportista multidisciplinar que competía en tenis y fútbol, anteriormente lo había hecho en atletismo mientras que en sus ratos libres corría y montaba en bici, nuestra gran pasión.

Mis primeros recuerdos con él fueron yendo a verle a los partidos o los entrenamientos, tener unos padres extraordinariamente jóvenes permitían que un niño saliera del colegio jugando al fútbol y siguiera luego con su padre y su hermano al tenis.

Todo a mi alrededor fué forjando un ambiente competitivo que me llevó a querer practicarlos de todo tipo, fútbol, baloncesto, voleibol y esos deportes que se practicaban en el colegio, pero como no era suficiente le pedí a mi madre que me apuntara a judo y taekwondo, a nivel competitivo tuve buenos resultados pero desde luego que la genética no me dió ni buena coordinación ni agilidad, vamos que era el portero cuando se jugaban las cosas importantes y es ahí cuando entra el ciclismo.

Uno de los mejores recuerdos que tengo fué en la época de Indurain y la fiebre del ciclismo que vivimos a principios de los 90 en España. Mi padre no quería entrenar conmigo pues yo no tenía el nivel para poder aguantarle yo rondaría los 8 años y el los 30 además de que el entrenaba casi a diario mientras que yo lo único que hacía era ir de cabaña en cabaña con mis primos.

Pero un verano, bajo la influencia de tantas horas frente al TV viendo el Tour de Francia y por imitación, mis primos y yo empezamos a jugar a ciclistas cada mañana y cada tarde durante todo un verano, y cuando por fin pude aguantarle una salida a mi padre apretando supe que ese deporte estaría para siempre presente en mi vida.